Quién prueba
Me llamo Óscar Garrachón, tengo cuarenta y un años y vivo en Palencia. Empecé con la guitarra a los trece, con una eléctrica de segunda mano que tenía el mástil torcido y que nadie supo arreglarme. A los veinte ya me había comprado mis primeras limas y un juego de llaves Allen, y desde hace quince años tengo un pequeño taller donde ajusto, cambio trastes y reviso la electrónica de las guitarras de media provincia.
Por el banco pasan guitarras de todos los precios: la de 150 euros que un padre ha regalado a su hija y que no hay manera de afinar, la de dos mil que llega con las cuerdas a un centímetro del diapasón, el ampli de válvulas que zumba desde que salió del almacén. Esa mezcla es la que me ha enseñado a no fiarme ni de las fichas técnicas ni de los precios: hay guitarras baratas que salen de la caja casi perfectas y guitarras caras que necesitan una tarde de trabajo.
Los sábados toco en una banda de versiones de rock que ensaya en un local del polígono. Ahí es donde un ampli demuestra si tiene pegada, donde un pedal descubre si mete ruido y donde una guitarra enseña si aguanta la afinación después de dos horas. Todo lo que puedo cargar pasa por ese local antes de llevar nota.
Por qué escribo esto
En el taller me hacen siempre las mismas preguntas: qué guitarra comprar para empezar, si merece la pena gastar el doble, si un ampli pequeño de modelado aguanta un ensayo. Escribir las respuestas me ahorra repetirlas y, sobre todo, sirve a quien no puede pasar por Palencia con su guitarra bajo el brazo.
Ningún fabricante lee un análisis antes de publicarse y ninguna marca paga por aparecer. Si algo me decepciona a mitad de prueba, lo cuento, aunque la marca sea de las grandes. Y si prefieres comprar en otro sitio, perfecto: la idea es que elijas bien, no que compres en un sitio concreto.
Cómo pongo las notas
Cada análisis lleva seis notas: sonido, tacto y mástil, construcción y acabados, versatilidad, electrónica y relación calidad-precio. La nota global tiene en cuenta lo que cuesta cada cosa: una guitarra de cuatrocientos euros no se mide con la vara de una de cuatro mil, pero las dos tienen que cumplir lo que prometen. El detalle del método está en Cómo pruebo.